El apagón del 28 de abril de 2025 en la Península Ibérica fue un evento sin precedentes en el sistema eléctrico europeo, clasificado como una falla en cascada compleja. La causa raíz no fue un único punto de fallo, sino una interacción multifactorial que incluyó oscilaciones en el sistema, deficiencias en el control de voltaje y potencia reactiva, y divergencias en las prácticas de regulación de voltaje entre diferentes operadores. Estos factores se vieron exacerbados por reducciones rápidas en la producción y desconexiones de generadores en España, lo que provocó un aumento descontrolado del voltaje y una serie de desconexiones de generación en cascada.

Las salvaguardas existentes, como los sistemas de defensa y los esquemas de protección de los generadores, no lograron contener la propagación del fallo. La naturaleza excepcional de los aumentos de voltaje y la secuencia de desconexiones de generación en cascada, que no se habían observado previamente en la Área Síncrona de Europa Continental, indican una falta de preparación para este tipo específico de evento. Las diferencias en las prácticas operativas y la coordinación entre los TSO (Transmission System Operators) y los RCC (Regional Coordination Centres) también contribuyeron a la incapacidad de estabilizar el sistema a tiempo.

La investigación subraya que los desarrollos a nivel local pueden tener implicaciones a nivel de todo el sistema, y la importancia de mantener fuertes vínculos entre el comportamiento del sistema local y europeo, así como la coordinación. La falta de alineación entre los mecanismos de mercado, los marcos regulatorios y las políticas energéticas con los límites físicos del sistema también se identificó como un factor contribuyente, lo que sugiere que las políticas y regulaciones no estaban suficientemente adaptadas a la evolución y complejidad del sistema eléctrico moderno.

Este incidente resalta la necesidad crítica de una visión holística y una mayor resiliencia en el diseño y la operación de infraestructuras críticas a gran escala. La interconexión de sistemas, si bien ofrece beneficios de eficiencia, también introduce vectores de fallo en cascada que requieren una gestión y coordinación excepcionales. La ausencia de mecanismos robustos para mitigar oscilaciones y controlar el voltaje de manera uniforme en un sistema tan interconectado fue una vulnerabilidad clave.